Diluido
Aclamo a la niebla que tiña
con su denso velo grisáceo
todo a mi alrededor.
Anhelo las tinieblas:
la noche eterna.
Se destruyen por completos
mis emociones
cuando el sol todo lo ilumina.
Crujen mis huesos
ante la artificial felicidad
en los rostros.
Siento la inmensa disociación
que me vuelve cercana
a los murciélagos, los búhos
y los vigilantes nocturnos.
Me enferma la monotonía
de los días.
Si ha de llegar la resurrección
a mi ser,
que llene mis venas
de otra sustancia vital.
Una compatible
con el sinsentido de la vida.
Reemplazar mi sangre
Por un líquido
de escaparate,
con etiqueta roja
y el nombre:
diluido.
Pues, diluido mi cerebro,
Mis ilusiones
y hasta los fantasmas
que me acompañan.
Así de necesario será
Para resucitarme
y caminar
sin alterar el rumbo
de la mecánica
existencia.
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